Me encontraba de pie recostada a una pared en uno de los pasillos de un hotel de
la capital ecuatoriana. Acababa de dejar mis cosas en una recamara que me habían
asignado por solo ese día ya que al siguiente partiríamos a México por unos días. Daniela
me había llevado a ese pasillo lentamente mientras hablaba con alguien por teléfono. Por
las palabras que utilizaba parecía que era una mujer la persona con la que entablaba
conversación. Al llegar al lugar, ella se marchó y minutos después apareció Pablo Vega.
El me observó pero me indicó que esperara a que me llamara. Después desapareció por
una puerta que dejó entreabierta. Solo podía escuchar las voces de al menos cuatro
personas incluyendo a Vega.
–¿Por qué nos hiciste bajar aquí Vega?
–Pensábamos ir a dar una vuelta por la ciudad ya que es nuestro último día aquí.
Vega: –Bien chicos, los he llamado por un asunto correspondiente al grupo.
–¿Nicole regresa?
Vega: –No Bárbara, no es respecto a Nicole. Más bien es respecto a la chica que nos
ayudara en la gira por México.
–¿Ya tienes una?
Vega: –Así es Tomás. Ya encontramos una que creemos, Daniela y yo, que cumple con el
perfil que buscamos.
–Y nos reuniste aquí solo para eso.
Vega: –Siento mucho tú inconformidad Pablo pero a partir de ahora ella también será
parte de Kudai.
–¿Y si Nicole quiere regresar? ¿Ella está primero, verdad?
Parecía que a los chicos del grupo no les emocionaba mucho mi llegada. En
realidad ni yo entendía por qué lo estaba haciendo.
Vega: –Mira Bárbara, ya esto lo hemos hablado anteriormente. Nicole pidió un tiempo,
pero creo que eligió un mal momento. Es nuestra primera visita a un país no
sudamericano y no la vamos a echar a perder por ella.
–Pero Pablo. Un detalle es que Nicole se fuera por un tiempo y otro es que en menos de
tres días encontraras a alguien que la sustituya.
–Tomás tienen razón. Es más fácil inventar una excusa a hacer todo este circo. Además,
Barbi puede hacerse cargo muy bien de las canciones. Ya lo demostró en el último
concierto.
–Pablito tienen razón Vega. Podemos irnos solo los tres y darle el tiempo a la Nico.
Cada palabra que escuchaba me lastimaba un poco más. Era notorio el cariño que
se tenían los cuatro. Pero por obvias razones, suponía yo, era el dolor de su partida. Se
quedaron un rato que me pareció una eternidad en silencio.
Vega: –Chicos, yo entiendo que ustedes esperen que Nico vuelva.
–Pues no pareciera.
Vega: –Holman, en verdad me gustaría tener ese optimismo que ustedes tienen, pero
muchos años en este negocio me han dado muchas enseñanzas y… lastimosamente hay
cosas que no suceden nunca.
–¿Está diciendo que Nicole no volverá? ¿Cómo puede estar tan seguro?
Vega: –Mira Tomás, ya te dije que no lo puedo asegurar, pero ni ella muestra muchas
ganas, ni su familia.
–Por eso pidió ese tiempo. Para pensarlo bien. Debemos respetarlo.
Vega: –Y se respetará, pero de igual manera, a México van a ir como un cuarteto de
voces, dos hombres, dos mujeres y eso no va a cambiar.
–¿Y ella sabe todo esto? ¿Sabe que es un simple remplazo?
Vega: –Sí, lo sabe Holman. Sabe que nos acompañara a México. Sabe que si Nicole
decide regresar, ella tendrá que marcharse.
–¿Lo sabe y aún así quiere acompañarnos?
No escuché ninguna respuesta, por lo que solo podía suponer que Vega había
asentido en silencio. Pasó otro gran lapso de tiempo en el completo silencio hasta que
escuche como una silla era arrastrada.
Vega: –Bien, creo que ya entendieron. Ahora, voy a dejar entrar a la chica que
amablemente acepto ayudarnos y espero reciba el respeto y apoyo que merece.
La puerta se abrió completamente y Pablo Vega asomó por ella. Me sonrió
amablemente y me hizo un ademán con su mano para que me acercara. Cuando llegué
junto a él, se hizo a un lado para dejarme entrar. Mis nervios estaban a punto de salirse
de control pero respire profundo y comencé a entrar despacio. La habitación estaba
iluminada por la luz del sol que entraba por una gran ventana y frente a ella, sentados en
completo silencio, estaban los integrantes de Kudai. Dos chicos y una chica que no
dejaban de observarme.
Vega: –Bien, les presento a Gabriela Villalba. Ella es cantante de este país y fue la que
les abrió la presentación anterior.
Yo sonreí con un poco de miedo. Era extraño, pero sentía cierto rechazo por parte
de esas tres personas que estaban frente a mí. La chica me miraba muy fijamente pero no
mostraba la más leve expresión en su rostro. Uno de los jóvenes, de cabello un poco
largo y negro, que en ese momento llevaba gafas oscuras se comenzaba a mecer en las
patas traseras de la silla. El otro joven ni siquiera siguió observándome. Era el más
extraño de los tres, y para mi sorpresa, el más enigmático.
Vega: –Gaby, te los voy a presentar. Primero este joven que está acá –señalo al chico del
cabello largo y gafas– es Tomás Manzi. La pequeña niña es Bárbara Sepúlveda. Y este
otro caballero es Pablo Holman.
Levanté mi mano en señal de saludo pero ninguno de los tres mostró el más
mínimo interés en contestarme. No me iba a rendir así que hablé, claro y despacio.
Gaby: –Mucho gusto, es un placer conocerlos.
El chico que se llamaba Tomás me observó unos segundos y luego volvió a
mecerse en la silla. El otro joven se puso de pie.
Pablo: –Bien, ya la conocemos. Ahora si nos disculpas Pablo, tenemos cosas que hacer.
Y diciendo eso abandonó la habitación. Segundos después lo siguieron los otros
dos. Yo quedé un poco confusa y triste. Supongo que se notó en mi cara porque Pablo
Vega me tomó las manos y me sonrió de la forma en la que un padre te sonríe, no se si lo
entienden.
Vega: –No te preocupes Gaby. Dales un poco de tiempo.
Gaby: –No se preocupe don Pablo. Yo sé que va a ser difícil al principio.
Vega: –Primero deberán aceptar que Nicole ya no es más parte del grupo, y luego te
verán con buenos ojos.
Gaby: –En serio don Pablo, estoy bien.
Vega: –Perfecto. Puedes retirarte. Trataré de que Bárbara te ayude con las canciones y
otras cosas. Daniela se reunirá contigo luego para explicarte otros asuntos, pero por el
momento tienes tiempo libre.
Gaby: –Gracias don Pablo.
Vega: –Y deja de llamarme don Pablo, con el nombre solo basta. O puedes decirme Vega
como los demás para que no se confunda con Pablo Holman.
Asentí lentamente mientras trataba de controlar una lágrima que quería escapar de
mis ojos. La verdad yo había esperado un recibimiento diferente, pero tal vez mi cerebro
tenía razón. Tenía todo ese día para pensarlo mejor.
Me dirigí a mi recamara y encendí mi computadora. Iba a conectarme a la
mensajería para hablar con mi abuela. Necesitaba desahogarme y la única persona que
me entendería en ese momento era ella. Al mirar a la computadora me llevo una sorpresa.
No había conexión en el hotel. Abrumada y algo molesta apague la computadora y me
puse de pie. Respiré profundo para no llorar y decidí dar una vuelta por el hotel. Bajé
despacio hasta el lobby y me encontré a Bárbara. Estaba sola y se veía un poco
impaciente. Miraba su reloj a cada segundo. Traté de acercarme pero llegó Vega junto a
ella así que decidí esperar.
Vega: –Barbi, que dicha que te encuentro.
Barbi: –¿Qué pasa Vega?
Vega: –Necesito que me ayudes con algo.
Barbi: –¿Involucra a la nueva?
Vega: –Se llama Gabriela, y sí, es de ella que ocupo que me ayudes.
Note como Bárbara suspiraba. Eso me molestó un poco por lo que decidí regresar
a mi habitación. Mientras subía despacio las escaleras me encontré con Pablo y Tomás.
Ambos pasaron olímpicamente de mí, pero pude notar que Pablo me observaba por un
instante, o tal vez solo había sido mi imaginación. Llegue a mi habitación y abrí cuando
Daniela se acercó a mi corriendo.
Daniela: –¿Dónde estabas?
Gaby: –Bajé a tomar un poco de aire. ¿Me buscabas?
Daniela: –Así es, necesito darte esto. –me acercó una carpeta azul. La tomé sin muchas
ganas– Ahí está tú contrato para que lo firmes y luego me lo devuelvas.
Gaby: –Ah… con respecto a eso…
Daniela: –¿No te vas a rendir así o sí?
Gaby: –¿Qué quieres decir?
Daniela: –Ya Vega me contó lo que pasó. Debes entenderlos y darles tiempo. Nicole
estuvo con ellos durante siete años, es duro para todos.
Gaby: –Pero tú ya lo superaste –dije no muy convencida de mi misma pero ya estaba a
punto de llorar.
Daniela: –No tanto como crees, pero hay que seguir. Además creo que eres muy buena
cantante.
Gaby: –Gracias.
Daniela era una gran chica. Tal vez todo lo que me acababa de decir era solo para
levantarme el ánimo pero funciono en parte. Siempre he sido una chica positiva, debía
mantenerme así. Entré a mi cuarto y me senté en la cama a leer lo que Daniela me había
entregado. Todo lo que decía era algo que más o menos yo imaginaba. Dentro de la
carpeta también venía información como el calendario de presentaciones del grupo y
otros documentos que ya ni recuerdo que decían. Mientras leía todo eso, el día avanzaba
con más rapidez y llegaba la noche. A eso de las siete iba a bajar a cenar cuando tocaron
a mi puerta. Pensando en quien podría ser me levante y abrí lentamente. Bárbara estaba
de pie con unos objetos en sus manos.
Gaby: –Eh… hola Bárbara, pasa.
Bárbara entró en absoluto silencio. Ni siquiera me miró, algo que me molestaba.
Barbi: –Vega me pidió que te ayudara con las canciones. Me dijo que tenías que
aprenderte todas las letras que canta Nicole de todas las canciones que tenemos.
Gaby: –¡Todas! Eso no me lo esperaba.
Barbi: –Así que vine a darte esto.
Bárbara me entregó dos cajas de discos compactos. Eran los discos de ellos, Vuelo
y Sobrevive. Los tomé sin entender para qué. Se suponía que ella me iba a ayudar.
Gaby: –Gracias.
Barbi: –Ok, ya cumplí con mi parte. Buenas noches.
Y sin dejar que me despidiera salió de mi recamara. Me quedé ahí, de pie, como
una tonta con los discos en la mano observando la puerta cerrada. En que me había
equivocado. Que había hecho yo para que me tratara así. Ni siquiera había entablado una
conversación con ella. Levanté mi mano y la pasé frente a mis ojos para secar las
lágrimas que comenzaban a bajar por mi cara. Regresé a mi cama y me tiré en ella a
llorar. Los discos los había dejado a un lado mientras me desahogaba. El hambre se me
había quitado y solo deseaba que amaneciera para decirle a Pablo Vega que renunciaba
a toda esta farsa.
Pasaron las horas, no se cuantas, cuando logré dejar de llorar. Mi habitación había
quedado completamente a oscuras y la única luz que entraba por la ventana era muy
débil y no iluminaba gran cosa. Pensé en tomar mi móvil para llamar a mi mamá y decirle
que mañana regresaba a la casa cuando, al estirar mi mano para alcanzar el teléfono,
lancé por accidente uno de los discos. La caja cayó fuertemente al suelo y se abrió. El
disco se había salido y había rodado por todo el suelo. Suspire profundo y me puse de
pie. Encendí la luz y observe todo. Había botado el disco de Vuelo y ahora la caja tenía
una gran rajadura en el frente. Resignada a pedir disculpas al día siguiente, me agaché
para recogerlo. Al levantarlo, el librito que estaba dentro se cayó y se abrió justo en la
única canción que conocía del grupo. Leí despacio la letra mientras trataba de recordar el
ritmo de la melodía. Me senté en la cama leyendo y por mi cabeza pasaban imágenes de
mi persona sobre un escenario cantando esas canciones. Era una idea tan absurda por
todo lo que había pasado que aún no entiendo porque aparecieron en ese momento. Bajé
el libro y lo coloqué en la cama. Mire a la mesita de noche donde estaba mi móvil, era lo
que iba a tomar antes de dejar caer el disco, pero ahora no me parecía importante. Me
levante y me dirigí a mi maleta. Saqué mi discman para poder escuchar el disco. Regresé
a mi cama, tomé el disco y lo coloqué en el reproductor. Me acomodé bien en mi cama y
comencé a escuchar la primera canción mientras leía la letra. Al terminar la regresé para
escucharla de nuevo y cantar la que suponía era mi parte, ya que las voces de esas dos
chicas se diferenciaban muy bien. Así estuve durante no se cuanto tiempo hasta que me
quedé dormida.
Me desperté un poco sobresaltada por el sonido de golpes en la puerta. Tenía uno
de los audífonos pegado a la mejilla y mi brazo arrugaba el librito de vuelo que estaba
debajo. El discman se había quedado sin baterías. Nuevamente tocaron a la puerta. Traté
de levantarme pero estaba bastante cansada.
Gaby: –¿Quién?
Daniela: –Soy yo Dani, apúrate que dentro de una hora nos vamos.
«Hay Dios» fue lo primero que me pasó por la mente. Me levante muy rápido y me
metí a bañar. Cuando terminé, salí rápidamente y mientras me secaba el cabello comencé
a guardar algunas cosas que había sacado de la maleta. Había decidido darme una
oportunidad y darles una oportunidad a ellos. No quería fallarle a Pablo Vega ni a Daniela,
ellos habían confiado en mí. Luego de acomodar todo y revisar que todo estuviera en la
maleta, salí de mi habitación con la maleta en mi mano izquierda y los discos y el discman
en la mano derecha. Comencé a bajar las escaleras al lobby cuando divisé a los chicos
esperándome. Vega al verme se acercó a mi para ayudarme con mi equipaje.
Vega: –¿No viste si Bárbara ya venía?
Gaby: –Eh… no.
Vega: –Esa niña, siempre es la última. Dani, sube y apresúrala. Debemos salir en diez
minutos o no llegaremos con tiempo y como siempre, tendremos que andar en carreras
en el aeropuerto.
Daniela pasó a mi lado y me sonrió. Yo bajé detrás de Vega y me quedé cerca de él
cuando llegamos al lobby. Pablo y Tomás estaban alejados sumidos en su propia
conversación. Tomás se giraba a cada segundo a mirarme, supongo hablaban de mi.
Pablo en cambio trataba de no observarme. A los pocos segundos uno de los
trabajadores del hotel se acercó a nosotros y comenzó a llevarse nuestro equipaje a una
camioneta que sería la que nos llevaría al aeropuerto.
Daniela y Bárbara bajaban deprisa cargando una maleta un poco grande. Llegaron
junto a nosotros mientras el joven del hotel se llevaba la maleta a la camioneta.
Vega: –Que raro, la señorita “me arreglo muy bien” de última.
Barbi: –Lo siento Vega, me quedé dormida y me atrasé un poco.
Vega: –Bueno, ya estamos todos, ya nos podemos ir.
Bárbara no me había mirado en todo ese rato. Al terminar de hablar Vega, ella se
marchó junto a Tomás y Pablo. Los tres miraron a Vega y se dirigieron a la camioneta.
Otra vez me sentía como un parasito que molestaba a todos, pero me había prometido
seguir. Miré a Daniela que me sonrió y juntas nos dirigimos a la camioneta. Nos sentamos
en la fila delantera mientras los demás iban en la de atrás. Hablaban y se divertían. Yo me
coloqué los audífonos y continué escuchando el disco mientras leía las letras. Vega subió
a la camioneta minutos después y comenzamos a marchar hacia el aeropuerto
hola! bueno quisiera saber xq escribe sobre gaby o.O y si es cierto la historia, algo me hace pensar que si :)
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